Carta abierta desde Coyhaique: o cómo llegué a vivir y formar mi república independiente

 
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Aprendiendo a caminar por la calle… en invierno.
En febrero del año 2012, tomé mis maletas y llegué a Coyhaique. A vivir lo que denominé mi propio “Into the wild” -( nunca terminé de ver la película), a vivir después de 27 años con mi madre, a lo que todos llaman la “independencia”, tengo amigos que se fueron a Santiago a vivir solos, otros a Puerto Montt, otros sólo se cambiaron de casa y siguieron en la misma ciudad, y otros los que volaron lejos de todo y de todos. Sí, a esa pequeña facción independentista me uní hace un año y medio atrás.  Cuando me vine a vivir a Coyhaique, nunca hice el aseo de un baño, no sabía hacer fuego en una combustión lenta, sólo sabía hacer tallarines ( es un alimento básico de superviviente), me daba lata hacer la cama. Menos aún llegar despertarme sola y a la hora para llegar a  trabajar. Por 27 años fui la menor en mi hogar, a la que la nana y la familia, le hacían todo y la consentían en (casi) todo.  Esa era yo. Y un dos de febrero aterricé en el aeródromo de Balmaceda (siempre he dicho que no tiene nada para ser aeropuerto), me esperaba una ex compañera de la universidad, quien me llevó a mi casa y después a comprar  a Sodimac.
Un año y medio, suena poco pero se hace largo, en especial para las fechas especiales que la humanidad te recuerda que existen: cumpleaños de tus amigos más cercanos y familiares o los feriados largos en que no tienes mucho que hacer…Sobre todo en Coyhaique. Cuando lees en facebook que están dando el estreno de una película a la cual te mueres por ir a ver y que sabes que no llegará y tendrás que recurrir a internet… Bueno, un año y medio en el limbo.  Si usted cree que me estoy quejando, al contrario, esta tenía que ser mi prueba de que no era el “gato de chalet” de la casa, de tener una oportunidad de vivir sin el ruido de las micros y de los tacos, de ser peatón. De entrar y ordenar leña, de cortarla, de hacer fuego ( bueno, en la “casa de todos” venden unas pastillas mágicas para las estufas, 100% recomendadas) y de explorar el mundo.
Aquí estoy, en Coyhaique, ya he  recorrido mucho de la Región de Aysén, he conocido gente muy simpática, puedo hacer pan amasado, charquicán, hago aseo ( no como una Elvira, pero no vivo en la mugre). He tenido que matar arañas por mí misma y sobre todo, demostrarme a mí misma que me la podía. Lejos de todo y de todos.  Sin duda, no me arrepiento de haberle dicho que sí a la oportunidad de venir a trabajar y a vivir tan perdida en el mundo.
¡Larga vida a mi propia república independiente!
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Yo quiero tener un millón de amigos. (8)

Comienzo esta entrada recordando al maestro Roberto Carlos y su gran canción de forever alone. Que nadie lo quería y que le gustaría tener más amigos que “Soy Germán” por Facebook. Es triste la vida de Roberto Carlos,  no sólo porque no creo que haya llegado al millón de amigos, si no porque además ha quedado viudo más veces que protagonista de teleserie venezolana. ¿Quién no quiere un millón de amigos? todos, y muchos están a punto de cumplir su sueño gracias a Facebook y toda la gente que alguna vez conoció, los compañeros de colegio, el amigo del amigo, y un largo etc.

Yo quiero mi millón de amigos: Ya tengo varios, muchos, que están repartido a lo largo y ancho del país y uno que otro que se encuentra en el exterior. Más vale tener amigos que plata y pololo/a. Van a estar ahí en la medida en que los necesites, llegan a tu vida cuando menos lo esperas y siempre te tienden una mano-ya sea para levantarte del piso, para empujarte a hacer cosas o para el “combo” anímico para despertar de la paja-. Yo quiero ese millón de amigos, aunque si no llego a ese número, no me afligiré. Pero sí que sean amigos-amigos. No quiero un millón de amigas (son bastante más complicadas, se enojan con mayor facilidad, y un largo etc), porque con las amigas que tengo, creo que estoy bien.

Sí. Me caen mejor los hombres como amigos, son menos enrollados, prácticos, te dicen las cosas de frente, no tienen problemas en salir a tomar un trago porque no pescan mucho eso de la “dieta”, te escuchan cuando tienes problemas amorosos y te dan los consejos distintos a los que te dan las minas que nunca (casi) resultan. Pueden cambiar ampolletas, formatear computadores, algunos cocinan, otros sólo están ahí cuando los necesitas.  Ahora a ese millón de amigos, sólo agregaría una cosa más: lealtad. Y si de vez en cuando, pasa un  “touch and go” con una, que así sea.. pero siempre diciendo las cosas a la cara.

Me gustan los amigos, me gustan mis amigos. Y quiero más amigos. Aunque el género masculino, no cacha que si uno está soltera y lo invita de repente a salir, no es para jotear, es para conversar, ampliar el círculo social y para formar amistad.

¿Quién dijo que tener muchos amigos, no es de señorita?. Mis polainas, no creo ser señorita si me caen bien los hombres, disfruto de cachar sus tallas masculinas, y la testosterona. Sí, también es bacán tener amigas, son necesarias, son buen material de moda, te escuchan, te aconsejan para bien o mal, pero de que somos complicadas, los somos como género femenino.

Por eso caen mejor los amigos y no los quiero para así más fuerte poder cantar, los quiero porque son la raja y porque es más difícil enojarse con un amigo que con una amiga.

Y porque no se pasan penas,  se toman.

alguno de mis amiguispd: los quiero chiquillos 🙂